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Reflexiones

 
viejita

 

Nuestra contribuidora Viviana C. nos comparte su experiencia en esta reflexión.

¿Por qué? ¿Por qué es así?

Muchas veces, como humanos que somos, nos preguntamos el por qué de todo. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Por qué no se puede? ¿Por qué pasó? ¿Por qué tiene tanto picante? ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?  Una pregunta tan sublime y tan sencilla. De hecho, una de las frases favoritas de los niños, ¿por qué?  Esta frase como una llave, que abre la puerta a algo fascinante o que fácilmente la puede cerrar por no tener una respuesta.

Ser madre e hija a la vez, es algo impresionante, como mujer se tiene el poder de guiar y cambiar muchas cosas que a veces la mujer no se da cuenta por estar en un constante corre corre. Aunque a veces no se pueda cambiar mucho.  Soy ama de casa, trabajo, tengo tres hijos maravillosos y tengo a mi madre viviendo en casa. Mi madre es una persona mayor y tiene sus modos según sus experiencias de vida. Ella tuvo una niñez difícil, trabajó desde chica y tuvo poco contacto con su núcleo familiar por el constante trabajo para contribuir a una familia de 12 personas.  Ella ha pasado por muchos traumas que han hecho difícil su etapa a adulta mayor y transición a la vejez.  A veces mis hijos me preguntan, “¿Por qué mi granma (abuela) es así?” ¿Por qué mi granma se enoja tanto?” “¿Por qué mi granma no cambia?”

Debo admitir que, aunque es frustrante tratar de guiar a mi madre, también es un aprendizaje de vida.  Muchas cosas me desesperan y desearía cambiarlas, aunque sé que será casi imposible hacerlo.  Mi esposo y yo tratamos de guiar a nuestros hijos en lo mejor posible, y eso incluye cuidar de nuestros padres mayores.  No hay nada más bonito que tener a nuestros padres en casa y aprender de ellos mientras cuidamos de ellos, así como ellos nos cuidaron de niños.  Claro, eso incluye muchos, ¿por qué? Un tiempo atrás uno de mis hijos preguntó, ¿Por qué no vive mi granma en una casa de viejitos? A lo que respondí, “porque así no nos criaron”.  Mi madre nos cuidó de niños, nos guió lo mejor posible de jóvenes, para que como padres guiemos a nuestros hijos.  Quizá mi madre no tuvo una buena niñez, ni una fase de adulta nada fácil, pero esperamos en Dios que su fase de adulta mayor o su vejez sea un poco apacible.

Mi hijo con toda su sabiduría me dijo, “ya entiendo, en México, todos los viejitos viven con su familia” y si, aunque no estamos en México, nuestros “viejitos” viven en casa y en familia.  Luego agregó, “espero que cuando sea grande tu vivas conmigo”.  Muchas costumbres cambian al llegar a este país, otras las modificamos, y otras las seguimos. Como dice el dicho, “en Roma haz lo que los romanos”. Una cosa si deseo, aunque me llene de muchos “¿por qué?” y no pueda cambiar las acciones de mi madre, ella primeramente Dios, seguirá viviendo en casa y en familia. ¿Por qué? Bueno, porque mi madre tiene tantas historias que contar que yo no recuerdo, tantos corajes y alegrías que transmitir, y es una bendición tenerla conmigo y en mi casa, nuestra casa.  Te amo mamá. 

Viviana C.

 

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